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En Vive de Viaje creemos que el turismo y la actividad de los viajeros debe encaminarse sin duda hacia la realización de viajes de bajo impacto ambiental. Nada más legítimamente deseable sobre todo en este tiempo en que deseamos disminuir nuestra huella de carbono y de hecho todo tipo de huellas. Desafortunadamente lo que esto conlleva es muy complejo de cumplirse en la práctica.
Un venerable árbol del Parque Nacional Barranca del Cupatitzio - Uruapan Michoacán - Foto: Carlos Lázaro
Los círculos económicos nos impiden en gran medida completar la más de las veces un viaje que sea totalmente “ecológico”, un viaje sin impactos en nuestro entorno.
Sin embargo se hacen grandes esfuerzos y pues la humanidad ahí va. Hacia allá va el barco, no con la rapidez y el compromiso de la sociedad y de las naciones con que muchas veces quisiéramos, pero hacia allá apuntan todas las industrias y actividades humanas, no hay que hacer grandes análisis, ni razonadas conclusiones, simplemente no tenemos de otra.
Parque Nacional Barranca del Cupatitzio - Uruapan Michoacán - Cascada Velo de Novia - Foto, Carlos Lázaro
Es por ello que aunque sea de modo enunciativo, nos gusta recalcar que existen lugares naturales que deben ser preservados y cuidados y que una visita a ellos nos debe dejar ya no bajo la estela de la simple reflexión, sino bajo el impulso de cómo hacer que otros sitios sean preservados o rescatados de la misma manera. Al final del sendero el asunto ecológico es de acción, no de simple sugerencia. En el asunto ecológico hay que estar dispuestos a ensuciarse las manos, la tierra así lo reclama.
Este hermoso sentimiento de preservación me viene a mente luego de recordar un paseo que quiero compartirles hice hace ya algún tiempo a la ciudad de Uruapan, en el estado mexicano de Michoacán, en donde canta permanentemente el nacimiento del río Cupatitzio y se desliza por una exuberante barranca con hermosos saltos y fuentes que han sido dispuestas a lo largo del paseo. El parque está muy bien cuidado y es un digno sitio para aparecer en nuestra sección “Siempre Verde”.
La Barranca de Cupatitzio nace en el remanso conocido como “La Rodilla del Diablo”, en donde reza la leyenda que Fray Juan de San Miguel, se encontró por ahí con el diablo, y al ahuyentarlo, éste tropezó dejando su rodilla marcada como se mira hoy en día. En esa parte alta nace el río, que se precipita ahí para irrigar la “Tierra Caliente” y protege un total de 472 hectáreas de las que solamente 20 hectáreas se consideran recreativas, el resto son de conservación. A este Parque Nacional se le conoce también como Eduardo Ruiz en honor al político originario de Uruapan quien donó estos terrenos para su conservación.
La vegetación que lo compone es propia del bosque mesófilo de montaña que se encuentra en muchas de las tierras altas de México así como bosque de galería en lo que corresponde a la barranca por donde corre. En este caso el río Cupatitzio surge de los grandes escurrimientos de la Meseta Purépecha hacia tierras más bajas de la Depresión del Balsas. En la barranca hay una gran cantidad de especies animales y vegetales, al menos 89 especies vegetales y muchos tipos de animales como armadillos, tlacuaches, murciélagos y diversos tipos de aves desde Búhos hasta colibríes e incluso una especie de loro. Sin embargo la lista de especies es muy amplia.
Lo que nos congratula es lo llevadera y reconfortante que puede ser una visita a este lugar que ha sido protegido desde el año de 1939 cuando se convierte en una reserva forestal. De la alegría del agua y sus cascadas se alimenta la vida.
La experiencia de muchos años en este parque no puede sino señalarnos un sendero necesario para preservar con gran cariño cada ojo de agua y barranca con cursos de agua limpios o que requieran la intervención del hombre para su recuperación. Del agua depende necesariamente nuestra existencia. Que siga cantando el agua en la Barranca del Cupatitzio.
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